La cultura material
El asentamiento fenicio de la desembocadura del río Segura no sólo nos ha deparado un inmejorable estado de conservación de la arquitectura, sino que también ha proporcionado una masa de materiales arqueológicos que resulta, a todas luces, desbordante y que no hace sino traducir la importancia de las transacciones económicas, el elevado índice demográfico existente y la riqueza de sus gentes.
Tanto a través de la cerámica como de los bronces o los amuletos se aprecia en toda la secuencia de vida de La Fonteta la diversidad del origen de los productos hallados en las excavaciones: Cádiz, Málaga, Cartago y otros centros del Mediterráneo central, y Oriente, para los elementos propiamente fenicios. Las importaciones griegas aparecen desde Fonteta II con cerámicas protocorintias y ánforas SOS, alcanzando un máximo en Fonteta VI con las producciones de la Grecia del Este (Samos, Quíos, Jonia), en la misma línea que lo señalado para Huelva y Málaga. De la fase más arcaica mínimamente documentada (Fonteta IB) procede un skyphos fenicio con engobe rojo y pintura negra que imita los modelos euboicos, similar a ejemplares hallados en Toscanos, Cartago, Mozia y San Antioco.
La Fonteta arcaica depara unos conjuntos materiales acordes con los propios de los restantes centros fenicios del mediodía peninsular y de Sa Caleta. El repertorio más completo procede de Fonteta II y Fonteta III, en cuya diferenciación han vuelto a prestar un buen servicio algunos indicadores cronológicos como es el caso de los platos de barniz rojo (red slip ware, céramique à enduit rouge, rote ware).
El porcentaje de cerámicas a mano es reducido, sin superar valores del 20%. Se pueden establecer tres grupos: el primero de procedencia alóctona, del sur peninsular; otro con pastas ricas en calcita y el tercero, posiblementer local, idéntico a la producción manufacturada de los centros indígenas (Peña Negra I).
Las cerámicas a torno ofrecen igualmente varios puntos de origen, destacando nítidamente por sus características peculiares y por su entidad estadística aquellos productos elaborados en las factorías malagueñas y los importados de Cartago: ánforas, cerámica gris, cerámica sin tratamiento, cerámica de engobe y barniz rojo y cerámica con decoración pintada, esencialmente bicroma.
Las especies más abundantes son las ánforas y la vajilla
de barniz rojo. Los platos y las lucernas de uno o dos picos, con o sin
tratamiento de barniz rojo, resultan uno de los tipos más comunes,
seguidos por los jarros de boca de seta o de boca trilobulada.
La cerámica gris no alcalza en absoluto los valores que después observaremos en Fonteta reciente y su origen hay que buscarlo en los centros de la costa andaluza.
Para la cerámica con decoración pintada hay que subrayar la tendencia hacia una representación especial de las formas E11 (vasos tipo Cruz del Negro) y E13, las tinajas anforoides de cuatro asas geminadas, un contenedor (¿salazones?) tan abundante como las ánforas de vino, mostrando diversas sintaxis decorativas (aspas, circunferencias concéntricas) sobre la conocida temática de base de bandas rojas y filetes negros.
El conjunto cerámico de La Fonteta reciente muestra sensibles diferencias en relación con el comportamiento precedente. Este fenómeno debe relacionarse con los cambios que se producen en casi todos los centros fenicios a partir del último tercio del siglo VII AC, reflejo a su vez del inicio de la crisis de las metrópolis orientales, sobre todo de Tiro.
La construcción del sistema defensivo de Fonteta IV y la reestructuración urbana del asentamiento fenicio encuentran su eco en los cambios sensibles en el comportamiento de los repertorios cerámicos en particular. Para su análisis disponemos de un amplísimo registro propiciado por el carácter de vertedero de los depósitos denominados Ia3, exponentes de la fase Fonteta VI.
El carácter de basurero del depósito ha ocasionado el fenómeno de que en determinados puntos los valores de la cerámica a mano se sitúen en torno al 49%, valor que hemos de considerar, por tanto, anómalo ya que la tendencia en el resto del registro sigue aquella observada desde Fonteta arcaica.
Pero resulta atractiva la hipótesis de entrever en estas fases recientes del yacimiento fenicio una mayor presencia de gentes que desde hace tiempo, al menos desde principios del siglo VII AC, están conviviendo con grupos orientales, según se desprende de la instalación de una factoría fenicia en la ciudad indígena de Peña Negra II.
¿Acaso se produce un repliegue de la población oriental en Fonteta, junto con grupos indígenas fuertemente mestizados? Una clave para semejante cuestión puede darla la cronología de la fortificación, río Segura arriba, del Cabezo Pequeño del Estaño, cuya publicación resulta imperativa. ¿Es el Estaño una forti-ficación anterior a Fonteta IV y se abandona, trasladándose el sistema defensivo a la ciudad portuaria de la desembocadura? ¿O surge el Estaño precisamente cuando se define dicho sistema?.
La nueva orientación que puede estar tomando la ciudad portuaria de La Fonteta reciente se refleja muy bien en la cultura material: los productos de los centros de la costa malagueña ya no son predominantes, a la par que escasean más aquellos fabricados en Cartago. Como contrapartida, nuevos talleres inundan con sus productos la vida cotidiana de los últimos fenicios, más o menos puros, de Fonteta VI-VIII, antes de desaparecer o ser asimilados por lo ibérico.
Las cerámicas de los alfares fenicios locales de Peña Negra II, particularmente la vajilla gris, alcanzan una representación notoria. A su lado, numerosas producciones cuya identificación, a través de análisis intensivos y extensivos de caracterización, resulta apremiante.
El espectro ceramológico de Fonteta VI puede conducir al establecimiento de una facies propia que matice y explique la transformación de lo orientalizante (Peña Negra II) en lo ibérico antiguo (El Molar), llenando ese salto en la génesis del foco ibérico del Bajo Segura. ¿Podría representar el mundo de Fonteta VI el eslabón que explica directamente el surgimiento de la cultura ibérica a partir de la segunda mitad del siglo VI AC?
Los objetos suntuarios que acompañan a este momento del yacimiento
fenicio, con una amplia representación de diversos tipos de fíbulas
entre los que falta por hoy la anular hispánica, con vasos de alabastro
y escarabeos de fayenza y azurita, nos confirman estas sospechas de hallarnos
ante un horizonte inmediatamente previo al representado por la necrópolis
del Molar, perteneciente sin lugar a dudas al poblado ibérico situado
en la orilla izquierda de la desembocadura del río Segura.
Los vasos de huevo de avestruz
A lo largo de la secuencia de las ocho fases de La Fonteta se ha manifestado la extrema abundancia de vasos realizados sobre huevos de avestruz.
Disponemos de más de 150 fragmentos de dichos vasos, que presentan casi todos restos de ocre rojo por el interior y algunos han conservado la decoración externa pintada o la huella mate de ésta tras la desaparición de la pintura.
Estos hallazgos, junto con los realizados en otros centros fenicios,
como es el caso del Cerro del Villar, en la desembocadura del Guadalhorce,
ponen de manifiesto el carácter no exclusivamente funerario de esta
peculiar producción que perdura en época púnica y
cuyo sentido simbólico parece haber cuajado en algunos ambientes
funerarios ibéricos.
Objetos de metal, amuletos y joyería.
Acompañando a los desechos cerámicos y a los restos metalúrgicos hallados en las diversas fases, La Fonteta ha prodigado numerosos objetos de metal, básicamente de cobre y bronce, al lado de un no menos importante volumen de objetos de hierro.
Un considerable lote de anzuelos, junto a pesos de plomo de redes, no hace mas que confirmar lo que indica la existencia de vértebras, espinas, dientes y escamas de diversas especies de ictiofauna, de las que destacan los escómbridos, que fueron pescadas por los habitantes de la ciudad portuaria de la desembocadura del Segura.
Un conjunto de placas de chapa de cobre o bronce, en ocasiones con roblones de hierro, conforman lo que ha quedado de guarniciones sobre materias perecederas (tejido, cuero, madera).
Del cobertizo de Fonteta VI-VII hallado en el Corte 5 proceden los restos
de la guarnición de un cinturón, a base de doble cinta recubierta
de hemiesferas de bronce, que debió de ser del mismo tipo hallado
en Peña Negra II o en la necrópolis de La Joya, lo que viene
corroborado por el hallazgo en el Corte 7 de un broche de cinturón
del mismo tipo.
Con los actuales registros, el mayor número de fíbulas y broches de cinturón, éstos del tipo sencillo tartéssico, proviene del vertedero de Fonteta VI. Las fíbulas predominantes son las de doble resorte y las de pie acodado rematado en pequeño botón (tipo "Golfo de León"), junto a otros tipos menos comunes y que sirven de cotejo para el establecimiento de la cronología de dicha fase.
En plomo, aparte de los restos de goterones informes, disponemos de una pesa cuadrada con marca central similar a las aparecidas en otros centros fenicios de Occidente (Guadalhorce) y de Oriente.
De hierro han aparecido numerosos fragmentos de piezas diversas, generalmente de vástago circular, y algunas casi completas (un asador en Fonteta V), junto a varios cuchillos afalcatados.
En el apartado de amuletos y colgantes disponemos de una plaquita calada de esteatita con representación del Uadjet y de la vaca Hathor, una mascara silénica de fayenza, una figura de Bes, también de fayenza, como dos de los cuatro escarabeos recuperados. Los otros dos son de bronce y azurita. De marfil se conservan algunas piezas de muebles, un fragmento de peine y un colgante cilíndrico.
Un entalle basculante engarzado en plata perteneciente a un anillo muestra una esmerada labra con el motivo de Set sedente encima de la línea de la tierra y junto a una flor de loto, todo ello debajo del signo pet, el cielo.
Una muestra de la orfebrería en oro lo ofrece un colgante del tipo de cestita con pirámide de glóbulos que obedece a un tipo muy conocido en el repertorio de la joyería fenicia y que, fabricado en oro o plata, se reparte desde Fenicia y Palestina hasta Cádiz.
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